lunes, 21 de enero de 2008

LA CLAVE

El profesor Learnes Holmmers, adicto a los versos de T. S. Eliot,
había dado con la clave: a la razón ha de llegarse por una entrada poética,
no lírica o versificada en metricas estables
y legitimadas por la tradición,
sino con la palabra dispuesta en una frase rítmica, sorprendente,
incluso en aquellas que ya había leido centenares de veces en ese poema de 1925 en que Eliot vino a referirse a El corazón de las tinieblas como el único pantano navegable por la lectura:
Somos los hombres huecos...


Visto en Así se fundó Carnaby Street.

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