miércoles, 11 de febrero de 2009

J.M. de P. (PERO QUE MUY de P.)


Lo que al principio no era más que una especie de chiste (ese odia a muerte a Juan Manuel de Prada que pueden leer ahí al lado) se está convirtiendo poco a poco en algo con más sustancia. Me acabo de enterar por Juan Carlos Escudier de una sustanciosa intervención perpetrada por el susodicho en ABC a cuenta de la familia de Eluana Englaro, en cuyo papel ve nuestro amigo el "interés utilitario" de “librarse de las vidas que se han convertido en una carga gravosa”.

Ya sabemos un poco más del paisaje mental del intelectual con las gafas más feas de España (título reñidísimo, por otra parte). Es decir, sabemos que, aunque se nos cayera un billete de 500 dentro de su cabeza, no entraríamos ahí ni de coña.

5 comentarios:

  1. La metáfora de la cabeza como espacio de terror está de repente muy de moda: véase el último post de "Un mundo flotante". La escuela de Jordi Costa, que sois unos moderniquis del copón. Pero no tanto como nuestro amado J.M de Prada, que ha hecho de su vida pura posmodernidad en el sentido más lipovestkiano (vacuo y narcisista, superficial y ahistórico), sin tanta teoría prepostmodernista como la que se practica desde los analistas de la posmodernidad.

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  2. Claro, ya lo entiendo, es que si por vida humana (por persona) se entiende la vida con una mínima dignidad, la vida inteligente, una vida deseable...algunos se tendrían que pegar un tiro, y no es cuestión de dejarlo todo hecho un Cristo.

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  3. Este... ¿aceptamos JMP como "carga gravosa"?

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  4. Aceptado: si él no se mete en cómo los demás dejan/dejaremos este mundo, yo no sugiero nada sobre su inteligencia.

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  5. Pues muy bien visto ahí, Pepe: si uno se mete en la última voluntad de una chica y en la forma en que su padre trata de que se cumpla, siendo todo perfectamente legal según la justicia italiana, y además lo hace como un elefante en una cristalería, sugiriendo que el hombre lo que quería era librarse de la hija, pues abre la puerta a todo tipo de especulaciones sobre la propia inteligencia y hasta sobre las tinieblas de su psique. Algo así como que si no quieres que te llamen gilipollas no hagas el gilipollas continuamente.

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