Sirva esta entrada para recomendarles dos cosas: la primera, el libro La Región de Murcia patas arriba, editado por el Foro Ciudadano, organización de la que (disclaimer) soy miembro; y la segunda, el blog de uno de los colaboradores del volumen, Antonio Moreno Lax. Tanto el libro como el blog son ricos en análisis y en propuestas, pero lo que he decidido copiapegar de ambos es una piedra, una serie cruda de indicadores socioeconómicos, una ristra de datos que a veces estaría bien tirarle a alguien a la cabeza. Pónganse el casco que entramos en Murcia:
Paro
Líder en el crecimiento interanual del paro, con un 66,4%, según el Ministerio de Trabajo. Diario 20 minutos, 9/11/2008.
Educación
El 33% de quienes empiezan la ESO no acaban sus estudios, La verdad, 26-12-2007.
Poder adquisitivo
Es el más bajo del país, con el 83,9% respecto de la media nacional. Expansión, 31-3-2008.
Sanidad
Murcia es la segunda comunidad con peor servicio sanitario, según el IV informe de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, que tiene en cuenta 12 parámetros como gasto sanitario per cápita, gasto farmacéutico, camas por mil habitantes, habitantes por médico general y profesionales de enfermería. La verdad, 12-9-2007.
Pobreza
Uno de cada cuatro murcianos vive por debajo del umbral de pobreza relativa (según la definición del INE, se sitúa en 6.229 euros al año, que es el 60% de la media de ingresos por unidad de consumo), según un informe de la Obra Social de la Caixa, La verdad, 11-12-2005.
Salarios
El salario bruto medio mensual que perciben los murcianos es el más bajo de todas las regiones y se sitúa en el 79,4% de la media española. Encuesta de Condiciones de Vida de 2004, publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Pensiones
La pensión media del Sistema de la Seguridad Social es de 724 euros, mientras que la pensión media en Murcia es de 638 euros, La verdad, 26-11-2008.
Productividad del trabajo
Indice de productividad aparente del trabajo del 84% respecto de la media nacional, Informe del Instituto de Crédito Nacional (ICO), marzo de 2007.
Es el peor índice de productividad PIB/trabajo de España, con 32.022 E/empleado, respecto de la media nacional, que es de 39356 E/empleado. Fundación BBVA, 27-10-2008.
Hay un pasaje de El Danubio dedicado a comentar dos viejos símbolos de la virilidad en las culturas mediterráneas. A un lado, el toro, imagen de la pura fuerza bruta, de la potencia instantánea y exhibicionista del macho pisador. Al otro, el burro, mito que ilustra Magris recordando una página de Plinio en que éste admira a uno de estos animales, capaz de mantener una erección durante una larga paliza. Es decir, la virilidad que emana de la capacidad de resistencia, de la voluntad y de la paciencia. Don Claudio apuesta claramente por el burro, aunque no sé qué pensaría de la batalla de pegatinas que tiene lugar actualmente en las traseras de los coches por esta orilla del mare nostrum. Es posible que lo del centralismo castizo contra la Hispania federal no tenga nada que ver. Es posible que sean los mitos mismos los que están utilizando una coyuntura político-futbolera para volver a encarnar su vieja imagomaquia. Y perdonen que me ponga tan estupendo.
Hay más animales en las traseras de nuestros coches. Elijan la oveja que prefieran:
Pero elijan bien, que no tenga que terminar enfadándome con ustedes. Por si están dudando, les recomiendo la que llevo yo, la cabrita de MNSV:
Que es tan negra como murciana y bien intencionada. Aunque no hablen de ella Magris (don Claudio, ¿para cuándo un El Segura?) ni Plinio.
Vaya por delante todo mi ánimo y mi apoyo a los damnificados por el caso Madoff. Zapatero: solución o dimisión. Espero que se haga justicia y se indemnice a las víctimas como se merecen. Y no nos olvidemos tampoco de las justas reivindicaciones de la ARREDRA (Asociación Regional Española de Damnificados por la Ruleta Americana), que vienen denunciando pérdidas de cientos de millones de euros ante los tapetes verdes de los casinos españoles. Qué clase de país es éste que el croupier no te informa con claridad de si va a salir rojo o negro antes de tirar. Vergüenza.
No quiero utilizaros para ser nadie. No voy a hacerme chapas con vosotros ni clavaros en mi chaqueta de pana negra. No tengo ninguna chaqueta de pana negra, ni corcho en la pared, ni tablón de anuncios. No voy a leeros en voz alta ante ningún Público ni a engordar con vosotros mi currículum. No voy a venderos, no voy a ensuciaros. Helo aquí, vuestro Contrato.
Sí, amigos, han pasado sesenta añitos desde la resolución 217A (iii) de la ONU, que consiste nada más y nada menos que en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El texto está escrito en un estilo obviamente burocrático-administrativo y consta de preámbulo y treinta artículos, pero debe de estar emparentado de alguna forma misteriosa con el lenguaje poético (con lo que yo entiendo por lenguaje poético), porque lo que es un servidor es ponérsela delante y notar cómo se le forma un nudo gordiano (por lo de gordo) en la garganta. Sí, ya he dicho que soy un llorón, nada de que extrañarse aquí.
En fin, si leen otros blogs ya habrán visto comentado el aniversario por ahí muchas veces, y yo no tengo gran cosa que aportar a lo ya dicho. Cualquier hipérbole (como por ejemplo llamar a este documento la obra cumbre del género humano) le queda bien. Era 1948, acababa de correr mucha, pero mucha sangre por el planeta, y a alguien se le ocurrió que con 2043 palabritas bien dispuestas era posible arreglar todo lo roto y evitar que volviese a romperse. Menudo error. Pero qué error más bonito.
Llevaba mucho tiempo con el proyecto entre manos de traducir por aquí al castellano las aportaciones de Noam Chomsky a la revista Z, pero ya me conocen a mí y a mi nueva palabra favorita. Pero el otro día hablé del tema con mi vieja amiga Luz Ayuso, filóloga y traductora, y la convencí para abrir esta sección, Chomsky en español para todos ustedes. Las gracias, dénselas a ella.
La palabra que surgió en boca de todos justo después de las elecciones a la presidencia fue “histórico,” nada más justo. Una familia negra en la Casa Blanca es verdaderamente un evento.
Hubo algunas sorpresas. Una de ellas fue que las elecciones no se decidieron después de la convención del Partido Demócrata. Según los indicadores habituales, el partido en la oposición debería haber obtenido una amplia victoria durante una severa crisis económica, después de 8 años de medidas desastrosas en todos los frentes, incluyendo la peor tasa de paro bajo cualquier presidencia durante una posguerra y un declive inusual de la riqueza media, un líder tan impopular que hasta su propio partido tuvo que rechazarlo y un colapso dramático de la opinión del mundo sobre los Estados Unidos. Los demócratas ganaron, sí, pero por un estrecho margen. Si la crisis financiera se hubiera retrasado un poco, quizá no lo habrían conseguido.
Una buena pregunta es por qué el margen de victoria para el partido en la oposición fue tan pequeño, dadas las circunstancias. Una posibilidad es que ningún partido logró reflejar la opinión pública del momento, cuando el 80% de los estadounidenses piensa que el país camina en una dirección equivocada y que el gobierno se dedica a “velar por sus propios intereses”, “no por los del pueblo”, y un aplastante 94% objeta que el gobierno no presta atención a la opinión pública. Tal y como muestran muchos estudios, ambos partidos se sitúan bastante a la derecha del público en muchas de las principales materias, tanto domésticas como internacionales.
Se podría argumentar que ningún partido que hable para el pueblo sería viable en una sociedad regida por los negocios hasta un extremo inusual. Hay pruebas sustanciales de esto. A un nivel muy general, la evidencia se asegura mediante el éxito profético de la “teoría de la inversión” en política del economista político Thomas Ferguson, la cual sostiene que los programas políticos tienden a reflejar los deseos de los grupos de poder, que invierten cada 4 años para controlar el estado. Ejemplos más específicos son numerosos. Por mencionar sólo uno, durante 60 años los Estados Unidos no han podido ratificar el principio esencial de la ley internacional del trabajo, que garantiza la libertad de asociación. Los analistas jurídicos lo llaman “el tratado intocable de la política americana” y observan que jamás ha habido un debate sobre el asunto. Y muchos han señalado el rechazo de Washington hacia las convenciones de la Organización Mundial del Trabajo, en contraste con la intensa dedicación para conseguir reforzar los derechos monopolísticos sobre los precios de que disfrutan las empresas (“derechos sobre la propiedad intelectual”). Hay mucho donde indagar aquí, pero éste no es el sitio.
Los dos candidatos demócratas a las primarias eran una mujer y un afroamericano. Eso también fue histórico. Habría sido inimaginable hace 40 años. El hecho de que el país se haya civilizado lo suficiente como para aceptar el resultado es un homenaje considerable al activismo de los años 60 y a sus secuelas.
En algunos aspectos las elecciones siguieron patrones establecidos. La campaña de McCain fue lo suficientemente honesta como para anunciar claramente que las elecciones no se basarían en “asuntos”. El peluquero de Sarah Palin recibió el doble del salario del consejero en política exterior de McCain, refirió el Financial Times, probablemente un reflejo adecuado de la trascendencia de las elecciones. El mensaje de Obama de “esperanza” y “cambio” ofreció una pizarra en blanco en la que sus seguidores podían escribir sus deseos. Se podía buscar en la web historiales de posicionamiento de los candidatos, pero la correlación de éstos con las políticas puestas en práctica no es para nada evidente, y en cualquier caso, lo que influye en la decisión de los votantes es lo que la campaña pone en primer y segundo plano, como los gestores de los partidos bien saben.
La campaña de Obama impresionó mucho a la industria de las relaciones públicas, que nombró a Obama “publicista del año”, venciendo a Apple. La principal tarea de la industria es asegurarse de que los consumidores poco informados decidan irracionalmente, socavando así las teorías de mercado. Y reconoce los beneficios de socavar igualmente la democracia.
El Centro para una Política Sensible señala que una vez más las elecciones fueron compradas: “Los candidatos más financiados ganaron nueve de las diez candidaturas y todos menos unos pocos congresistas volverán a Washington”. Antes de las convenciones, los candidatos viables con más fondos procedentes de las instituciones financieras eran Obama y McCain, con un 36% cada uno. Los resultados preliminares indican que hacia el final, las contribuciones a la campaña de Obama estaban concentradas en las firmas de abogados (incluyendo lobbies) y en las instituciones financieras. La teoría de la inversión en política sugiere algunas conclusiones sobre las políticas a seguir por la nueva administración.
El poder de las instituciones financieras refleja el creciente cambio de la economía de producción a la de las finanzas, desde la liberación de las mismas en los años 70, una de las principales causas del malestar actual de la economía: la crisis financiera, la recesión de la economía “real” y la miserable actuación de la economía para la gran mayoría, cuyos sueldos reales se estancaron durante 30 años, mientras las prestaciones sociales se reducían. El responsable de estas impresionantes cifras, Alan Greenspan, atribuyó su éxito a la “creciente inseguridad del trabajador” (que resultó en una “atípica estrechez de los aumentos salariales”)- y los correspondientes aumentos en los bolsillos de los interesados. Su fracaso incluso en percibir la dramática burbuja inmobiliaria, después de los colapsos de las anteriores tecnológicas que él mismo supervisaba, fue la causa inmediata de la actual crisis financiera, como él mismo reconoció a regañadientes.
Las reacciones a las elecciones desde todo lo largo del espectro comúnmente adoptaron la “retórica encumbrada”, que fue la marca de la campaña de Obama. El corresponsal veterano John Hughes escribió que “América acaba de demostrar al mundo un extraordinario ejemplo de democracia en funcionamiento”, mientras que para el periodista de historia británico Tristram Hunt, las elecciones mostraron que América es una tierra “donde los milagros ocurren”, como el “épico triunfo de Barack Obama” (periodista de izquierdas francés Jean Daniel). “En ningún otro país del mundo unas elecciones así son posibles”, dijo Catherine Durandine, del Instituto para las Relaciones Internacionales y Estratégicas de París. Muchos otros no fueron menos delirantes.
La retórica tiene algún sentido si la dejamos para Occidente, pero en otros lugares las cosas son diferentes. Pensemos en la mayor democracia del mundo, la India. La primer ministro del estado de Uttar Pradesh, que es casi el mayor del mundo y es notorio por el horrible trato a las mujeres; no es sólo una mujer, sino una “dalit” (intocable), en el nivel más bajo del desgraciado sistema de castas indio.
Volviendo al hemisferio oeste, considérense sus dos países más pobres: Haití y Bolivia. En las primeras elecciones democráticas haitianas en 1990, los movimientos de base popular se organizaron en los barrios bajos y en las montañas, y aun sin recursos, eligieron a su propio candidato, el sacerdote populista Jean-Bertrand Aristide. Los resultados asombraron a los observadores, que esperaban una fácil victoria del candidato de la elite y de los Estados Unidos, un ex funcionario del Banco Mundial.
Cierto, la victoria democrática fue pronto abatida por un golpe militar, seguido de años de terror y sufrimientos hasta día de hoy, con la crucial participación de los dos torturadores tradicionales de Haití, Francia y Estados Unidos (digan lo que digan nuestras alucinaciones autocomplacientes). Pero la victoria en sí fue, de lejos, un mayor “extraordinario ejemplo de democracia en funcionamiento”, que el milagro del 2008.
Igualmente cierto lo es para las elecciones de 2005 en Bolivia. La mayoría indígena, la población más oprimida del hemisferio (los que sobrevivieron), eligieron un candidato de su misma categoría, un pobre campesino, Evo Morales. La victoria electoral no se basó en la encumbrada retórica sobre esperanza y cambio, lenguaje corporal ni pestañeos, sino en materias cruciales, muy bien conocidas por los votantes: control sobre los recursos naturales, derechos culturales y más. Además las elecciones fueron mucho más allá del hecho de empujar la palanca o los esfuerzos por conseguir votos. Fue un escenario de largas e intensas luchas populares contra la severa represión, que ya habían obtenido grandes victorias, como vencer los intentos para privar a los pobres de agua a través de la privatización.
Estos movimientos populares no acataban solo instrucciones de los líderes de los partidos. Más bien, ellos dieron forma a las políticas que sus candidatos elegidos deberían llevar a cabo. Esto es muy diferente del modelo occidental de democracia, como podemos ver claramente en las reacciones a la victoria de Obama.
En el liberal Boston Globe, el titular del reportaje principal señalaba que “La estrategia de la clase obrera de Obama deja pocas deudas a los grupos de interés”: Unión de trabajadores, mujeres, minorías u otras “circunscripciones tradicionalmente demócratas”. Esto es solo cierto en parte, porque se ignora la financiación masiva por sectores concentrados del capital. Pero dejando el detalle aparte, el reportaje acierta cuando dice que las manos de Obama no están atadas, porque su única deuda es con “un ejército de millones de personas de clase obrera” (que acataron instrucciones pero apenas contribuyeron a formular su programa).
En el otro extremo del espectro doctrinal, en un titular del Wall Street Journal se puede leer “el ejército de la clase obrera está todavía lanza en ristre”, es decir, están preparados para seguir instrucciones para “empujar su agenda, cualquiera que sea”.
Los organizadores de Obama consideran la red de trabajo que construyeron “como un movimiento de masas con un potencial sin precedentes par influenciar a los votantes”, refería Los Angeles Times. El movimiento, organizado en torno a la marca “Obama” puede presionar al congreso para definir su agenda.Pero no desarrollan ideas ni llaman a sus representantes para hacerlas cumplir. Estos estarían entre los “viejos modos de hacer política” de entre los cuales los nuevos “idealistas” se están “liberando”
Es instructivo comparar este panorama con el trabajo de una democracia en funcionamiento como es la de Bolivia. Los movimientos populares del tercer mundo no estarían de acuerdo con la favorecidadoctrina occidental de que la “función de los ignorantes y de los outsiders entrometidos” -la población- es la de ser “espectadores de la acción” pero no “participantes” (Walter Lippman, articulando una visión estándar progresista).
Quizás podría haber algo de sustancia en los modernos slogans sobre “choque de civilizaciones”, después de todo.
En los primeros periodos de la historia americana, el público rehusaba mantener la “función” que se le asignaba. El activismo popular ha sido repetidamente la fuerza que ha llevado a victorias esenciales como la libertad y la justicia. La auténtica esperanza de la campaña de Obama es que “el ejército de la clase obrera” organizado para recibir instrucciones del líder se “libere” y vuelva al “viejo modo de hacer política” mediante la participación directa en la acción.
El Vaticano se opone a la despenalización de la homosexualidad. Ya saben: ese horrendo delito por el que, en países como Irán o Arabia Saudí, uno puede acabar colgando de una soga. ¿Y qué motivos alega para estar tan contento con la situación actual? Pues copio y pego las declaraciones de Celestino Migliore, portavoz de los obispos ante la ONU:
"Con una declaración de valor político, suscrita por un grupo de países, se pide a los estados y a los mecanismos internacionales de actuación y control de los derechos humanos que añadan nuevas categorías protegidas de la discriminación, sin tener en cuenta que, si se adoptan, éstas mismas crearán nuevas e implacables discriminaciones".
La verdad es que hay que saber algo (bastante) de Cabalística para comprender el enunciado, pero por suerte un servidor es doctor en lenguas muertas y les puede orientar. La clave está en la repetición del sustantivo discriminación. En las implacables discriminaciones. El Vaticano no va a mover un dedo para impedir que un homosexual sea ejecutado en Oriente Medio porque considera que la víctima es él y el agresor el homosexual. Que cuelguen, hombre, que cuelguen. Al enemigo ni agua, no digamos bendita.
En una ocasión soñé con traducir a Mak Dizdar al castellano. Me hice con sus obras y con un arsenal de diccionarios especializados, entre ellos el de turquismos en serbocroata moderno. No sabía si había urdido ese plan en serio o en broma, pero igual seguí adelante, hasta que se convirtió en algo muy importante. Pasó de ser un plan a ser El Plan, para entendernos.
Jamás traduciré a Mak Dizdar. Tal vez mi viejo amigo Dragan Becirović sí podría, pero no yo. Dizdar pertenece a una estirpe de poetas solo asequibles a alguien que ame y conozca el idioma como la palma de su mano y como las niñas de sus ojos, respectivamente y al revés. Y no uno, sino dos idiomas.
El viejo Mehmedalija tiene a su nombre una de las calles más importantes de Sarajevo, la Obala Maka Dizdara, y ejerció hasta su muerte la presidencia de la Unión de Escritores de Bosnia y Hercegovina, merced a su rango en el PCY. Tres personajes literarios confluyen en él: primero el del pez gordo de la gestión cultural, el escritor-apparatchik. A continuación, el vanguardista, el revolucionario estético, el pariente poético del grupo Oulipo y el Mayo de las letras. En tercer lugar, el tallador de una determinada identidad cultural para la colectividad a la que pertenecía, espejo en el que, más de treinta años después de su muerte, los bosnios más brillantes se siguen mirando, obligando a la clase política a leer sus obras (seguramente pertrechados con los mismos diccionarios que les comentaba más arriba) para no meter la pata demasiado.
Si se han perdido o no saben de qué les estoy hablando, no se preocupen: este tipo de escritores sencillamente no existen ni han existido jamás por estos pagos. La obra de Dizdar trasciende la literatura sin colocarse al servicio de ninguna ideología (antes al contrario: la crea con su obra, entre otras muchas cosas), su lenguaje no es prestado sino nuevo, y sus libros no pueden descartarse o sustituirse sin poner en peligro el tejido cultural de su país. En la Yugoslavia comunista de férreas Bratsvo i Jedinstvo (Hermandad y Unidad) en que le tocó vivir, sus artefactos poéticos, hechos de voces de Anatolia, juegos dadá, sabiduría sufí, cuestionamiento del significante, rituales de derviches y ritmos asiáticos debieron de explotar como bombas H. Más o menos como siguen explotando hoy día entre los nuevos fundamentalistas bosnios, atraídos por los epitafios musulmanes pero horrorizados ante una tecnología literaria tan indudablemente romántica y europea, humanista, moderna y celebratoria.
¿Cómo entrar a traducir todo esto? Kilotones de energía subterránea iluminan cada uno de sus versos isotópicos. O esa es mi impresión. Jamás traduciré a Dizdar, pero al menos sabré que un día me lo propuse, y que no estuve a la altura, y que desde entonces, de algún modo, todo lo que hago es procrastinar.
Ya estaba pensando que no está mal que llueva y yo no tenga nada que decir, ni nada que leer. Es veintiséis de noviembre y tengo el móvil roto, me encuentro en medio de un extraño proceso gripal, en lo particular, y en alerta naranja por nieve, en lo universal. Obama ha seleccionado un dream team económico que es como para pegarse una panzá a reír (o un tiro en la boca). El rey dice que Lukoil sí, por sus cojones. En fin, que no está mal que llueva (y callarse).
Pero me he encontrado con que Cristina Morano ha abierto blog, haciendo estéril mi viejo proyecto de abrir yo uno de fans suyos. De momento hay varios poemas nuevos, un documento gráfico estremecedor y una reseña muy chula de una foto de unos zapatos de diseño. Yo de ustedes ni me lo pensaba.
José Daniel Espejo (Orihuela 1975) es autor de Los placeres de la meteorología (Nausícäa, Murcia, 2000), Quemando a los idiotas en las plazas (Universidad de Murcia, 2001) y Música para ascensores (Editora Regional, 2007). Le gustan La Buena Vida, los Balcanes y los gintónics. En este blog veremos cómo va lo suyo con la poesía y, seguramente, con todo lo demás.