Queda muy poco para el congreso federal de IU, del que saldrá el nombre del nuevo coordinador general y tal vez la tan cacareada refundación del partido. Menudean las noticias sobre el acontecimiento, los artículos de opinión y las declaraciones de todo pelo, ante todo lo cual es bien fácil sentirse desanimado, o pesimista, o directamente indignado. Los medios hacen hincapié en las tres "familias" con peso en la organización, en el reparto de delegados, en los candidatos. La narrativa puesta en marcha contiene en todos los casos, en todos los medios, la retórica del conflicto, de las (sic) "luchas intestinas", cuando no de las puñaladas traperas.
A continuación han aparecido artículos como el de Almudena Grandes en El País, exigiendo a la "familia" con la que ella se identifica que se separe de la plataforma y funde un nuevo partido. Ni plataforma, ni coalición, ni federación, dice. Partido. Coherente y cohesionado, efectivo y disciplinado. No es la primera vez que oímos sugerencias así, de uno y otro lado. Esta semana, Rosa Aguilar descartaba la posibilidad en una entrevista con Público, pero sí se quejaba de falta de cohesión y de parálisis en el desarrollo de ciertas líneas de acción, culpando de todo ello a otra de las familias. Suma y sigue. La olla se retroalimenta. Se calienta, vaya.
Algún que otro comentarista no se resiste tampoco a caer en hacer chistes sobre la U de IU. Sigo preguntándome por qué tendría yo que estar tremendamente orgulloso de pertenecer a un partido que llega a sus congresos con todo el pescado vendido de antemano, el candidato elegido (a dedo, por ejemplo), el programa redactado y los discursos amarillos, pero bueno. Sigamos con ese juego. Analicemos las siglas de los partidos nacionales en busca de inconsistencias. PP, Partido Popular. No, no veo ninguna incongruencia. Ninguna. Las políticas del Partido Popular son ante todo populares, como cuando decidieron apuntarse a la invasión de Irak o cuando salen a manifestarse junto a personajes tan populares como Rouco Varela. Y qué decir de éstas: PSOE. Partido Socialista Obrero Español. Todo OK. En manos de líderes obreros como José Bono y marxistas como Pedro Solbes, el partido camina hacia la coherencia total. En fin, en fin. Que no nos cuenten rollos, por favor. Porque, interesados o no, eso es lo que son la gran mayoría de las noticias sobre IU estos días. Y me hace mucha gracia que se nos achaque falta de homogeneidad ideológica, precisamente en medio del festival de la política-espectáculo al que todo el mundo parece haberse apuntado. Vamos a hacer un sencillo experimento: busquen a un solo militante, con cargo o sin él, de Izquierda Unida, que no esté dispuesto a batirse el cobre para apoyar al pueblo palestino, para regular y tasar las operaciones financieras transnacionales, para defender y ampliar los servicios públicos, para proteger el medio ambiente de la voracidad urbanística, para empujar el mundo por la vía del multilateralismo, para limar los privilegios de clase, para promover el debate sobre la república pendiente o para condenar de una vez por todas el genocidio franquista. ¿No lo encuentran, verdad? Ahora extiendan la búsqueda a militantes de los otros dos partidos, que van a ver si hay o no "familias" ahí. Es más, la cantidad de NS/NC también les va a sorprender bastante.