martes, 30 de septiembre de 2008

LA CRISIS EN LOS CORAZONES Y LAS MENTES DEL PUEBLO MURCIANO

Que la realidad supera a la ficción es a/ un tópico b/ una inconsistencia lógica equivalente a la realidad supera a la realidad, o a la ficción supera a la ficción (bueno, como mucho una metonimia o una sinécdoque). Sin embargo, ésa es la fórmula que viene a la cabeza al leer esta noticia en el 20 minutos (que escaneo, no enlazo, porque hay que ver la foto). Me invaden las preguntas: ¿qué necesidad concreta llevó a este personaje a inventar tal objeto? ¿Se comercializa ya? ¿Con éxito económico? ¿Ha disparado la crisis las ventas de este dispositivo, en plan pa qué voy a irme a un puticlub limpio si con este braguero ya no hay problemas con las lumis del eroski?

lunes, 29 de septiembre de 2008

CREACIONISTAS DE CORTAPEGA

Vale: no es cierto que odie a muerte a J.M. de Prada. De hecho, me río mucho con él y tal. Como el otro día con su artículo de El Semanal. Chasquen sin miedo (bueno, con un poco de miedo, mejor), que hallarán joyas como ésta:

Las pinturas rupestres no fueron comenzadas por monos y terminadas por hombres


Lo dicho: una panzá a reír.

jueves, 25 de septiembre de 2008

VETUSTA MORLA / UN DÍA EN EL MUNDO


Vetusta Morla no van a revolucionar el rock hispano. No van a crear tendencias. Nadie va a copiar su indumentaria. No están aquí para ofrecernos un refrito referencial de sonidos de los ochenta. ¿Ese amigo tuyo con flequillo emo que se acaba de comprar una camiseta de Crystal Castles en interné? Ni se los mientes, que te escupe.

Sin embargo, uno tiene ya treinta y dos primaveras y le empieza a clarear el pelo, y las aventuras sónicas del NME y Pitchforkmedia le van sonando cada vez más a tomadura de ídem. La receta de Vetusta Morla contiene mucho más tocino y garbanzos, y mucha menos emulsión de vinagre balsámico. O sea, que cae mucho mejor en estómagos que ya no son capaces de arramblar con todo. No sé si me explico. Estos chicos no son alérgicos a los años noventa. Eso les va a hacer perder un montón de críticas positivas. Pero no parece que les afecte mucho. Para gente como yo, que tuvimos nuestra educación sentimental musical en esa década (de los quince a los veinticinco, ahí es nada, de Nirvana a Portishead, ahí es nada otra vez), la novedad se agradece mucho.

Un día en el mundo, su primer largo, tiene la producción indie española estándar (véase Lori Meyers, La Habitación Roja, Tarik y la Fábrica de Colores o Deluxe), tirando a minimalista o a cicatera o a más vista que el TBO, según gustos. A mí, personalmente, no me molesta. La de Liars o Black Kids sí que me molesta, ya entienden ustedes por dónde voy. En el plástico vamos a encontrar rock guitarrero, muy limpio y con el acento puesto en melodías diáfanas. Estos presupuestos son comunes a tirios y troyanos, pero es que aquí (y es a donde voy) está MUY bien hecho. Las melodías no solo son bonitas: enganchan. El inevitable porcentaje de rabia no solo es auténtico: se transmite. Y las letras no son solo invitaciones a la conciencia y la libertad: convencen. Sobre todo esto último es rarísimo en la escena nacional, o por lo menos a mí me parece rarísimo. Los libretos de los cuatro grupos mencionados al principio de este párrafo me suelen dar vergüenza ajena (bueno, Tarik no tanto, que me acuerdo de lo de la del abrigo de Zara y se me pasa todo), sobre todo los de los granadinos, pero en este disco podemos asistir a joyas como ésta:

Voy a mezclar flashes con alcohol,
restos de sal y altas dosis de ficción.
Tengo la fe, tengo la intuición,
tengo el viejo trono de un rey y ahora sólo soy bufón.


El disco gira en torno a la idea de Resistencia y al conflicto de la individualidad frente al status quo, así que miel sobre hojuelas para oyentes izquierdosos, como el que suscribe. Si les interesa chasquen en los muchos enlaces anteriores o en éste, que lleva al MySpace de la banda. Y si les interesa mucho, aquí pueden bajarse gratis Mira, su primer y autoeditado EP.

lunes, 22 de septiembre de 2008

EL LÍMITE DE LA PROVINCIA

Empezaremos con las definiciones: la provincia es, evidentemente, Murcia. El límite es la raya que los provincianos no pueden cruzar, no vaya a ser que a/ se cabree el jefe o b/ pongamos en riesgo nuestra cómoda y cálida condición de provincianos. Todo esto viene a colación (qué diablos significará venir a colación) por el affaire Bassi, que está sacudiendo tanto el concepto de límite como el de provincia estos días.

Vaya por delante que yo no soy fan de Leo Bassi. Me parece una mutación perroflautesca-teatroenlacalle de Michael Moore, pero mucho más payaso y mucho menos documentado. Sin embargo, su espectáculo Bassibus tiene dos puntos a favor: el primero, que saca literalmente a la calle su propuesta, y el segundo, que liga espectáculo y política de una forma directa, no mediada. Y en virtud de esto, su presencia en un festival como Alter-Arte, que busca ante todo abrirse al ciudadano de a pie, tiene todo el sentido del mundo.

Contratado el espectáculo y programado como parte de este festival desde el mes de abril, el martes pasado el consejero de cultura, Pedro Alberto Cruz, decide eliminarlo del cartel. Según P.A.C. la coincidencia de Bassi en el calendario con el congreso regional del PP no tiene nada que ver, y le ofrece al italiano un cambio de fecha para más adelante, ya fuera del festival, siempre que detalle a la consejería el contenido exacto del Bassibus.

A continuación, el equipo directivo del festival dimite en pleno.

Acto seguido, un buen número de compañías teatrales locales emiten un comunicado en defensa de P.A.C. y en contra de Nelo Vila, el ya ex-director de Alter-Arte. Con lo que todo queda en casa, más concretamente debajo de la alfombra.

Y en ésas estamos. El propio Bassi lo cuenta también en su blog. Murcia, esa ciudad que cuenta con el único festival de música sostenible del mundo, y que trae a gente como Slavoj Žižek, todo tan oquei, oquei. Oh, la dulce música de la provincia.

jueves, 18 de septiembre de 2008

HIC ABSUNT DRACONES


Martín cumple hoy tres meses y es tan hermoso como una página en blanco a la luz de la mañana. Todo en él es blanco, como la leche, como una forma de amor luminosa o como las regiones inexploradas, en los mapas renacentistas donde ya no había dragones. Mi niño: mirándote el Tiempo se convierte en un fluido dulce en el que apetece internarse. No es poca magia.

lunes, 15 de septiembre de 2008

EL LUNES SIN D.F.W.


Entré en el alucinante mundo de David Foster Wallace gracias a la recomendación de Diego Sánchez Aguilar: La niña del pelo raro me pareció un pasillo lleno de puertas abiertas a paisajes marcianos, o a paisajes terrestres desconocidos, o también a paisajes conocidos, pero desde perspectivas totalmente nuevas. Siguieron muchos otros volúmenes, hasta Hablemos de langostas, que me hizo pensar en un viaje de retorno a lo humano desde las fiestas artificiales del posmodernismo (pero sin renunciar a la alegría, ni a la imaginación, ni al despilfarro de recursos). Digamos que me he gastado mucha pasta por su culpa en Mondadori, y que tenía la innegociable intención de seguir gastándomela muchos años más, porque casi nada en su maravillosa literatura hacía pensar en esto que pasó el viernes, el gran portazo cerrando todas esas vías de entrada a lugares que ya no nos será dado visitar, el empobrecimiento, sustancial y súbito, del universo, literario o no.

viernes, 12 de septiembre de 2008

TRABAJANDO CON TRABAJANDO CON EL VACÍO


Esto es para darles las gracias. Según Google Analytics, éste su blog ha roto últimamente tres barreras psicológicas: la de los 5.000 visitantes únicos absolutos, la de las 10.000 visitas y la de las 15.000 páginas vistas. No está nada mal para un proyecto tan modesto como éste. No habría ocurrido sin los amigos de I Love IU, y me temo que tampoco sin mi viejo artículo sobre la campaña publicitaria de Lise Charmel. A todos ustedes, otra vez, muchas gracias.

jueves, 11 de septiembre de 2008

SIEMPRE GANAMOS ALGUNOS

Hasta ahora, las sociedades de gestión de derechos han tenido la facultad de facturar a cualquier bar, discoteca, local de celebraciones, empresa de transportes (en realidad cualquier sitio público con una radio encendida) elevadas cuotas en concepto de derechos de autor. Sin importar si la música que suene en estos sitios sea nacional o extranjera, o sus derechos hayan caducado, o los autores estén vivos, muertos o viviendo en Nepal. De hecho, aunque los autores hayan renunciado a cobrar por sus derechos de autor (por ejemplo licenciando su música como Copyleft, y sepan que en este left hay mucha más izquierda de lo que algunos piensan), SGAE y compañía facturan y cobran, o demandan y cobran igualmente. Hay alguna sentencia excepcional que ha exonerado del pago a quien ha podido documentar profusamente que toda la música que ha sonado en su bar queda fuera del ámbito de competencias de nuestros amigos de la SGAE (siempre ganamos algunos etcétera). Y por ahí van los tiros del nuevo proyecto que he venido a comentarles.

La gente de AE Distro está desarrollando un nuevo certificado digital que acreditará a empresas de hostelería y medios de comunicación como usuarios exclusivos de música copyleft, manteniéndolas a salvo de las prácticas recaudatorias de las sociedades de gestión de derechos y creando así una plataforma única para estos creadores. Mientras actualmente es una tortura china producir música libre en este país, con la expansión de esta red se hará mucho más atractivo pasarse a las fórmulas de licencia abierta. Todo está por hacer, pero también es cierto que cuando se construye sobre principios justos, cada paso adelante es ya una victoria.

¿Para cuando algo así en las bibliotecas? Bueno, primero que llegue el Kindle y después ya veremos.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

EL GLOBO ALDEANO

Dice Carlos Pardo que piensa Umberto Eco que junto al proceso de globalización, económica y social, que mueve el mundo corre otro, paralelo e inseparable: la aldeanización. Incluso acuña un término para todo esto: el globo aldeano. Y se explica: en la Edad Media la población abandonó las ciudades de la antigüedad para refugiarse en sus aldeas y sus parroquias, con la consiguiente disolución de los valores democráticos de la polis y la función pública del ágora. En la actualidad, se da también una fuga literal de las ciudades (a favor de las urbanizaciones, por ejemplo) y la crisis del ágora. Desde el punto de vista social, impera lo fragmentario, lo insular. Y, por fin, florecen las aldeas de un solo habitante, aislado de su entorno inmediato y confrontado directamente con el mundo: la televisión ha creado un mundo esquizofrénico en el que entre el individuo y lo global no hay nada (Alain Touraine). Con ese paisaje mental, con esos procrastinadores y solipsistas construyen sus personajes los novelistas de la posmodernidad, como los empleados neuróticos de Coupland y Foster Wallace, o el Fernando Alfaro distópico de Nocilla Dream, de Fernández Mallo. La palinodia think global, act local queda segmentada, amputándose limpiamente la segunda parte.

¿Quiere esto decir que tenemos que dejar inmediatamente de navegar por internet y lanzarnos a la calle a pedir más jardines públicos? Claro que no. La güé (diseñada, recuerden, como medio abierto, rizomático y no mercantilizado de comunicación entre iguales) es una de las herramientas básicas de nuestra salvación, foro de debate y base de datos imposible de coartar. En muchos aspectos, cumple la función del ágora clásica. Por no hablar de las cantidades industriales de vídeos amateur.

lunes, 8 de septiembre de 2008

FABIENNE VERDIER / PASAJERA DEL SILENCIO

Vaya por delante que este libro engancha y mucho, que me lo he despachado en dos tardes y que no me arrepiento de habérmelo comprado. Ahora, la crítica:

Lo primero que llama la atención en Pasajera del silencio es, digámoslo de una forma suave, la ausencia total del lastre de la humildad. La narradora desgrana sus aventuras colocándose en un papel tan tópico como falso, y sin ningún tipo de ironía se presenta como la exploradora occidental capaz de penetrar hasta el corazón estético de China y aprehender sus obviamente inaprensibles secretos gracias a su alma pura y su paciencia infinita. Estos secretos son, cómo no, topoi zen en cascada, hasta tal punto que hacen pensar primero en David Carradine y luego en Uma Thurman. No es coña: el maestro de grabado con sellos le impone unos ejercicios repetitivos que terminan con sus dedos envueltos en tiritas, por ejemplo.

Lo segundo no es, tal vez, tan evidente. Uno de los muchos motivos de orgullo de Verdier consiste en haber accedido, gracias a muchas súplicas y mucha paciencia, a las enseñanzas de los grandes maestros calígrafos chinos. Éstos aparecen como portadores de una sabiduría milenaria y como fuentes inagotables de esas sentencias zen que podríamos encontrar en una de Tarantino. Pero es posible ir un paso más allá y verlos de otra forma, a través de referencias veladas. Sabemos que todos los maestros de la francesa han sido objeto de represión durante la Revolución Cultural, sabemos que han perdido sus puestos como enseñantes, que viven prácticamente en la indigencia; intuimos que ya nadie se acerca a ellos, que no tienen alumnos ni admiradores ni pueden exponer, que sus contemporáneos los consideran fósiles vivientes y se ríen de ellos. En medio de ese exilio en su propio país, se les acerca alguien aún más bajo, una extranjera estudiante de Bellas Artes, una paria total, y se dedica a dorarles la píldora, día tras día, mendigando educación. Y pican. Se entregan a la desconocida, pasan con ella sus días como si fuese el premio de consolación para el fracasado total. Al margen de lo que quiere Verdier que entendamos, esto es que estos maestros son las cumbres absolutas del arte chino, me han interesado mucho estos personajes tan ishigurianos, entendidos así.

Como consecuencia de todo lo anterior, la banalidad, que es precisamente lo que la autora dice aborrecer y lo que la hace salir de su Francia natal en busca del Absoluto, salpica todo el texto a la manera de cualquier bestseller de Grisham o Follett. En muchos sentidos, este libro es un bestseller a su manera, pero la autodeclarada búsqueda de la pureza que lo informa, junto con la extrema soberbia de la narradora (que no tiene empacho en compararse continuamente con los grandes impresionistas, por ejemplo), hace esta banalidad más molesta. Si estaban pensando en Pearl S. Buck, olvídense. Si logran abstraerse de todo lo anterior y se toman el libro como una novela de viajes, pasarán el rato.