viernes, 5 de septiembre de 2008

HIPOCONDRIA METAFÓRICA PLUS


Anoche, después de dar de cenar y acostar a mi niño Miguelito, se me ocurrió beberme dos tanques de tinto de verano marca Jarro Alegre (0,45€ la botella de dos litros en el Lidl). Lógicamente, tuve que sentarme. Mientras la nueva chica del tiempo de TVE efectuaba todo tipo de convulsiones epilépticas frente a la cámara, me dormí.

Al rato, me despertó mi mujer con un plato en la mano. Medio dormido todavía, vi que me había preparado uno de mis bocadillos favoritos, el de boquerones con tomate. Lo cogí aún sin abrir los ojos del todo: estaba hecho con un pan delicioso, compacto y con mucha miga, y los boquerones eran grandes y molludos, blancos como el papel. Todo, hasta el tomate, olía tremendamente bien, y además el vino me había provocado tanta hambre como sueño. En ese terreno fronterizo entre el sueño y la vigilia, el perfecto bocadillo dio en convertirse en una imagen: la de cuánto me quería Charo, que era capaz de prepararme semejante delicia, y a esa dulce y reconfortante metáfora me entregué todavía un par de minutos más.

Luego acabé de despertarme, y volvió de publicidad Cuéntame, que es una serie que no puedo soportar, y resultó que los boquerones tenían un horrible exceso de vinagre. Mientras comía se me iba llenando la boca y el estómago del ácido fluido, y al terminar me encontraba mal. Decidí acostarme. Me lavé los dientes a conciencia, y luego escupí. Quería liberarme del vinagre, recortar la metáfora del bocadillo para que no contaminara nada más, pero no es tan fácil. Las imágenes son poderosas, como Barcelona. He dormido fatal.

jueves, 4 de septiembre de 2008

ESPAÑOLIDADES

Me siento orgulloso de no ser nacionalista pero percibo que ese antinacionalismo es un fluido delicado, más o menos como si uno fuese un pez luchador de Borneo y el agua de su acuario tuviese que mantener un nivel de oxígeno muy determinado y la temperatura exacta en todo momento. Es decir, que hay que vigilarlo, controlarlo y protegerlo. La primera premisa consiste en que contra el nacionalismo se puede y se debe luchar, pero solo contra el propio, porque en el momento en que nos sumamos a cualquier cruzada contra el chauvinismo del vecino estamos alimentando simultáneamente el nuestro. La segunda premisa advierte contra la caricaturización como síntoma de que algo va mal. El nacionalismo nos caricaturiza y nos pervierte porque nos obliga a ser diferentes de los que no son como nosotros, en una especie de círculo vicioso en el que nuestra propia identidad entra en crisis, absorbida por esa quimera, la patria, sobre la que tal vez hemos delegado parte de lo que somos. La tercera, la más simple, dice que es absurdo crearse enemigos artificiales. De momento no tengo más premisas, pero intento aplicar éstas cuando proceden, como por ejemplo en la plaza de Colón, etcétera.


A pesar de todo lo anterior, al menos en dos ocasiones en mi vida me he sentido profundamente español, no ep-pañó sino español. La segunda se produjo en Manchester, a principios de 2003; me apunté a un curso de inglés para la enseñanza y seis de mis compañeros eran iraquíes. Como se pueden imaginar, el tema de conversación más común en los descansos era la guerra de Irak, y como también se pueden imaginar, en varias ocasiones mis colegas me preguntaron y a vosotros qué se os ha perdido en mi país para ir a invadirlo. Ah, qué sensación de hispanidad más inefable, aquélla.

La primera tuvo lugar a finales de 2000. Recién llegado a Sarajevo, una excursión a las colinas me sirvió para ver los muchos campos minados y para que un amigo bosnio me informara de dos cosas: que cada año en el país más de cien niños sufrían amputaciones a causa de minas antipersonales y bombas de racimo, y que más de la mitad de estos artefactos eran de fabricación española. Todo esto me ha venido a la cabeza porque he leído en lo de Vicente y Patxi el magnífico discurso que leyó Gervasio Sánchez en la entrega de premios Ortega y Gasset de este año. Tendrán que chascar el enlace si quieren ver la maravillosa foto que acompaña el texto.

Y por lo demás, bueno, supongo que con estas experiencias ya puedo definir la sensación de españolidad como esa situación en la que uno preferiría ser andorrano. Si me da otra vez, ya les contaré.

martes, 26 de agosto de 2008

DOLAN MOR / CONFESIONES

No sé si hago bien copiapegoteando de cualquier manera este poema de lo de Vicente y Patxi, pero igual ahí va. Es un poema que me habría gustado mucho haber escrito yo: me fascina ese baile por el filo de la prosa, esos períodos rescatados del borde por algo superior, un ritmo, el más misterioso de todos, el de la oralidad. Y suscribo gran parte de lo que se dice: yo también amo de Carver esa forma de sabia humildad que le aporta su humanidad, saberse (y celebrarlo) igual que cualquier otro, al margen de malditismos rarunos y elitismos culturetas. En fin, agárrense porque comienza un gran poema:


Al principio yo anhelaba ser el príncipe de la poesía, el rey

de las palabras, un ministro de los poemas con una medalla

sobre mi oscuro pecho, una corona de oro alumbrando

con su dorada luz mi noble cabeza. Después, bajé mis metas

y me propuse ser un licenciado, un doctor en gramática,

políglota, un James Joyce, usar barba, un abrigo negro

hasta los tobillos, las gafas circulares, la pipa entre los labios

recitando los versos de Charles Baudelaire. (Recuerdo

que tenía la foto de Vallejo debajo del cristal de mi mesa

de noche y, mirándola, apoyaba mi rostro y mis manos

cruzadas encima de un bastón con el puño de plata,

en forma de león, para creer un instante que mi nombre

era César. --Incluso estuve preso por parecerme a él.)

Me decía a mí mismo frases de Kierkegaard: “para el hombre

que aspire a triunfar en la vida existen dos caminos: ser César

o ser Nada”. Y yo lo repetía con la convicción de que era

(sólo faltaba tiempo) un dios o hijo de un dios. Sin embargo,

las cosas han cambiado y mi punto de vista se cayó en un

abismo. Ya no aspiro a ser príncipe, ni ministro, ni rey,

ni políglota un día, mucho menos deseo ser Joyce o Baudelaire

porque ambos están muertos, y un hombre, si está muerto,

vale menos que un perro. Ahora aspiro a las cosas sencillas

de la vida. (Me lo dijo Ray Carver y nunca lo entendí.) Miro

el agua de un río sin pensar qué es el agua, me acuesto

entre la hierba y disfruto del sol. Pienso, respiro, siento

cómo limpia el oxígeno mi sangre, mis pulmones, late

en mi corazón. Soy feliz con vivir sencillo, aspiro a eso:

Posado, como un pájaro, sólo quiero una rama para cantar

mis versos, también una ventana para mirar el mundo,

aunque no tenga un piso, ni un palacio, ni un templo. Un marco,

una ventana para asomar mis ojos, humilde, con asombro,

sabiendo que soy polvo, y, debajo del cielo, un animal o nada.

lunes, 25 de agosto de 2008

PUES QUÉ BIEN

Mañana, mi amor se presentará en el hospital de día del Morales Meseguer, verá a su médico y a continuación le conectarán una vía para introducirle un suero entero de venenos. Como no es la primera vez que pasa, ya sabemos qué podemos esperar. No nos gusta lo que podemos esperar: son dolores de huesos, cansancio, mareos, náuseas, subidas de fiebre. Caída (más) de cabello. Escozor de ojos. Alguno de estos síntomas durarán una o dos semanas. Otros continúan de sesión en sesión.

Al fin y al cabo es una terapia. Si funciona, eliminará o reducirá o pondrá dique a lo otro. Lo otro es, definiendo rápido, el terror. Tenemos esperanzas en el efecto de esta terapia, pero sigue consistiendo en un cóctel de venenos. Y sigue sin gustarnos lo que podemos esperar.

¿Qué puedo oponer a esto? ¿Qué clase de antídoto puedo proponer? ¿Un precioso poema de amor? ¿Te quiero? Sí, te quiero, ya. Vale. Te quiero. Pues qué bien.


Como ven, yo tampoco me resisto a enlazar/comentar xkcd. Muchos chistes utilizan estas búsquedas (reales) en Google. Éste en concreto demuestra que ni el carpe diem ni el collige, virgo, rosas son entelequias retóricas de la poesía clásica y sí universales humanos. Como el espíritu de la escalera. Mejor: como el espíritu de la escalera del corazón.

jueves, 21 de agosto de 2008

NUEVE NOVENTA

También me pasó tras la publicación de Quemando a los idiotas en las plazas: los poemas que he escrito estos últimos meses me han dejado mal sabor de boca, como a insistencia en los mismos patrones, mala autoimitación. Supongo que por eso dicen que después de cada libro hay que tomarse un buen descanso, pero yo no escribo poemas mediante ningún plan de trabajo, sino que los dejo fluir, así que lo dicho. Sin embargo, hoy me he encontrado un taco de papelitos y se me ha ocurrido una idea. Esto:

Las ventanitas miden exactamente 9,90x9,90. Apenas caben siete versos, como se puede apreciar. Forzar ese formato significa mover el contenido hacia lo conceptual o hacia lo minimalista, entendiendo este demasiado frecuente término como dios manda, es decir, como la eliminación del contexto y las ayudas de lectura, obligando al lector a componerlas solo. Las imágenes ganan importancia porque cabe poco más. Y claro, es todo mucho más difícil. Pero ya saben que el primer millón de palabras es solo para practicar.

A SUELDO DE TIFLIS

Otro magnífico día para dejar de leer El País. Y van muchos. No sé por qué se sacaron de enmedio a Hermann Tertsch si luego publican un editorial como el de hoy, Tímidos avisos, reprochándole a la OTAN sus complejos pacifistas y exigiendo la tercera guerra mundial para castigar a Putin. Uno puede cagarse en los hijos de Putin con toda razón por el ensañamiento imperialista con que se han apoderado de Georgia, pero en el momento en que empieza a aplicar la retórica de los hermanos oprimidos y los aliados atlánticos el análisis se convierte en otra cosa. No puede haber análisis en un panfleto que ignore los bombardeos de Osetia del Sur por parte de Saakashvili, ataque que desencadenó todo el embolado. El siguiente paso es escuchar a John McCain diciendo que en el siglo XXI un país no va por ahí invadiendo otros y no sentir al mismo tiempo un verde gargajo de hipocresía impactando contra tu cara. Pero todo se andará chez Javier Moreno.

martes, 19 de agosto de 2008

LA MURCIA DEL PELOTAZO

... y de los Mercedes relucientes en el aparcamiento del Lidl, y del repelente sintagma alto standing, y de Marina de Cope y Polaris World y las escuchas telefónicas de los alcaldes, de Tótem y de Ninette, de la Nueva Condomina y los invernaderos y Portmán y la balsa Jenny y el trapicheo de caudales del Segura. La de (j)Agua(r) Para Todos. La Comunidad Autónoma más pobre de España.

jueves, 14 de agosto de 2008

PA MEAR Y NO ECHAR GOTA

La petite Claudine, a.k.a. Marta Peirano, tradicionalmente una de las blogueras más leídas y poderosas del corral (aunque últimamente tiene el blog hecho unos zorros), se ha marcado un post extrañísimo que me ha hecho pensar muchas cosas, ahora que tengo tanto tiempo para ello. La cosa empieza con el siguiente y magnífico chiste de Quino:

SUSANITA: ¿Cómo no van a ser pobres los pobres con esa ropa de mierda que llevan y esas casas de mierda que tienen?

Qué grande, Quino. A continuación el texto parece descarrilar, no captar el chiste, susanitizarse de sopetón: todo el mundo acaba en el lugar que le corresponde, siendo lo que es, rodeado de lo que se ha buscado.

¿Qué? ¿Qué ha estado fumando esta chica? Y sigue: La gente cobarde vive una vida cobarde. La gente mediocre vive una vida mediocre. La gente envidiosa vive una vida podrida, rodeada de gente podrida, haciendo cosas podridas. Y así, todas las declinaciones. Qué es lo que quieren si no aspiran a más.

Les juro que he estado buscando la ironía por todas partes y no he encontrado ni un gramo. ¿When there's a will there's a way? ¿Dejemos de ayudar al débil que al fin y al cabo él se lo ha buscado? ¿Neoliberalismo económico, social y moral? ¿A estas alturas de la película? Pero prefiero no analizar esto desde el punto de vista político, porque sería demasiado fácil. Prefiero preguntarme si es posible en absoluto triunfar, creerse un genio y serlo, un poco como Marta si saben de lo que les hablo, y renunciar al mismo tiempo a emitir juicios como éste. No verse en el vértice de ninguna pirámide. No dividir a la gente en la categoría de los triunfadores y en la categoría de los fracasados. He decidido creer que sí es posible. Más que nada porque, en caso contrario, aun convirtiéndome en el poeta más leído de España seguiría teniendo muchísimo en común con triunfadores como Eduardo Zaplana o Emilio Botín: pináculos de la autosuficiencia, jueces implacables del valor humano de los que los rodean, que no dudan un segundo antes de enviarte a tu casa, en mitad de la noche y dando una patada a la puerta, a la policía del karma.


P.D.: No es por meter el dedo en la llaga, pero qué de risas me he echado con la versión paródica de la petite.

miércoles, 13 de agosto de 2008

LA LEYENDA DE LOS PLANETAS


Revisitando esta mañana el inmenso Una semana en el motor de un autobús he pensado qué raro llevar ya doce años enganchado a la música de Los Planetas. Y también: qué bueno tener según qué compañeros para viajes tan largos. Me recuerdo perfectamente a los veinte, metiendo publicidad en los buzones de todos los pueblos de la Vega Baja (ay, las cuestas de los barrios malos de Callosa del Segura), escuchando Pop con un walkman de cinta. Alimentando exactamente igual que ahora al eterno adolescente que todos llevamos dentro: ingenuo, hiperestésico y rabioso. Conectando los problemas que tenía con las chicas y canciones como La playa. Convencido de que en el paraíso sonaría De viaje. Mejor: que el paraíso sería (de algún modo es) De viaje.

Con mi compadre Ángel hemos planeado muchísimas veces elaborar una recopilación total de Los Planetas. La cosa necesitaría una tarde entera, o mejor una semana, muchísimas cervezas e innumerables discusiones. De ahí podría salir La recopilación definitiva. Lo que he hecho yo esta mañana no se parece en nada, juzguen ustedes con el tracklist:

1 - De viaje
2- Qué puedo hacer
3- Una nueva prensa musical
4- Jose y yo
5- Himno generacional #83
6- David y Claudia
7- Cielo del norte
8- Desaparecer
9- Segundo premio
10- La playa
11- Santos que yo te pinté
12- Un buen día
13- La cara de Niki Lauda
14- Corrientes circulares en el tiempo
15- El artista madridista
16- Pesadilla en el parque de atracciones
17- Golpe de gracia
18- Nunca me entero de nada
19- Reunión en la cumbre
20- Si me diste la espalda
21- Deseando una cosa
22- Alegrías del incendio

¡Hale, a intoxicarse!