jueves, 29 de mayo de 2008

EL DANUBIO


Más agujeros de gusano... me he puesto a releer El Danubio, de Magris, un libro que me regalaron mis amigas Luz y Carmen en la época más negra de mi vida. La exacta sensación que me producían su perfecta prosa y su tremenda riqueza conceptual, en medio de mi propio naufragio del invierno de 2001, la he revivido de forma tan clara que pensaba que si levantaba la cabeza me iba a encontrar con el papel de las paredes de mi piso de entonces. Un agujero de gusano dentro de otro, pues no otra cosa es este libro, un viaje a través del tiempo y de la historia de la Mitteleuropa, a partir de un grifo viejo de la granja de una señora, en la Selva Negra, que por algún motivo no consigue cerrar. ¿Y qué pasaría si el grifo se cerrase? Budapest, Bratislava y Belgrado se quedarían secas, pero eso sería tan improbable como que el pasado, de repente, dejase de pesar.

martes, 27 de mayo de 2008

MNSV

Si no les gustan los planes de Valcárcel para Cabo Cope, no los hagan ustedes tampoco para el sábado por la tarde:

Nos vemos allí.

lunes, 26 de mayo de 2008

LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS


... como por ejemplo Balcanes, que es la que analiza Slavenka Drakulić en este magnífico artículo de El País. La suciedad pegajosa que las muchas guerras le han ido añadiendo, las connotaciones malolientes adquiridas tras su paso por la prensa occidental. No, no es extraño que los Balcanes empiecen siempre un poquito más al este de donde se esté, si se le pregunta a sus propios habitantes: si se interroga a un esloveno, empiezan en Zagreb, si a un croata, en Bosnia, si a un sarajevita, en Serbia, si a un serbio, en Kosovo, etcétera. Pero no es tan difícil, cuando uno ha pasado por allí, conocer un núcleo de limpieza innegociable, una forma inimitable de dignidad y de humanidad que salta a la vista si nos fijamos en cómo se confecciona por allí el pan, o la poesía, o los puentes. Un cuidado extremo, que colinda con el amor. Un significado secreto, pero presente cada vez que oigo esa palabra, los Balcanes, benditos sean.

viernes, 23 de mayo de 2008

LOS LIMPIOS MANTELES DE SU MESA


Ya sé que el tema está un poco pasado, pero he releído la tremenda carta que Sharon Olds le dirigió a Laura Bush para decirle por qué rechazaba su invitación a la fiesta del libro de la Casa Blanca de 2005. ¿Por qué razón este último párrafo me pone los pelos de punta y un nudo como de polvorones La Estepeña en la garganta? Lean:

So many Americans who had felt pride in our country now feel anguish and shame, for the current regime of blood, wounds and fire. I thought of the clean linens at your table, the shining knives and the flames of the candles, and I could not stomach it.

El documento completo, aquí, y la traducción de Manuel Talens para Rebelión, aquí.

jueves, 22 de mayo de 2008

LA UNDÉCIMA RESEÑA

Corta pero ancha, la undécima reseña de Música para ascensores la publicó el sábado pasado Antonio Parra en La Verdad:

LITERATURA

A quien tienes que leer, dice Diego, a éste sí,
es a Cormac McCarthy.
Cormac McCarthy, me digo,
Cormac McCarthy, que no se me olvide, y pido
otro tercio de cerveza, y sigo disfrutando
del pequeño conventículo: están Diego y María Luisa,
y Juande, y José Alcaraz, y un tal Fernando Garcín,
y Natalia Carbajosa, y hasta Gustavo Martín Garzo,
en Cartagena, y se habla de libros, y estoy contento.

Un par de días más tarde me quedo pensando,
¿Carson McCullers? ¿Era Carson McCullers, a quien dijo
Diego que leyera? No, no era ésta, a ver, sí,
era Cormac McCarthy, Cormac McCarthy,
que no se me olvide, y el libro, me parece,
La oscuridad exterior, sí, eso, la oscuridad,
La oscuridad exterior, y salgo por la puerta.

Más tarde, ese mismo día, el pobre Cormac
se convierte otra vez. En Robertson Davies,
ni más ni menos. Esta vez tardo más,
y gracias a que recuerdo
a Carson McCullers, y que esa mañana
ya había confundido con él al otro,
al bueno, a Cormac McCarthy, a Cormac McCarthy
y su La oscuridad exterior.

Anoche decido construir con eso un poema. Al mismo tiempo
mi plan de ir inmediatamente a la librería,
a por La oscuridad exterior,
se desvanece. Pongo todo aquí,
en negro sobre blanco. Sin embargo,
al mismo tiempo veo otras versiones,
del poema, que no incluyen
ni a Cormac McCarthy, ni a Diego, ni mucho menos
a Gustavo Martín Garzo. En ninguna de las versiones
leo esa novela hasta dentro de muchos meses.
En todas (excepto en ésta), olvido el nombre para siempre.

martes, 20 de mayo de 2008

HACHE A LAS OCHO

Qué mejor plan que agarrar esta tarde el camino del Museo de la Ciudad, escuchar preciosos poemas de Diego Sánchez Aguilar, Aurora Saura y Petrarca, y a continuación pasarse al bar de enfrente a comentarlos delante de unas cervecillas. Saben que lo desean. Sepan también que se trata de la presentación del nuevo número de Hache, y que es esta misma tarde, a las ocho, y que será un placer verlos por allí.

miércoles, 14 de mayo de 2008

PERIFERIA Y PERIFERIA

Acabo de leer dos textos de dos fuentes diferentes que trataban un mismo objeto: las geografías periurbanas, es decir, esas zonas fronterizas entre las ciudades y el espacio exterior en las que abunda el caos, los pisos baratos, los supermercados de la droga, las ruinas y esos extraños baldíos con carteles del Carrefour.

En el primero, Agustín Fernández Mallo resume su comentario a una exposición de fotos sobre estas zonas. Es un examen muy rico, muy limpio: habla de un documentalista conceptual llamado Robert Smithson y su recorrido gonzo por las afueras de Passaic, Nueva Jersey. Habla a continuación de Wittgenstein, de la santísima trinidad postmodernista (Pynchon, DeLillo, Ballard), e incluso de la versión de Welles de El proceso de Kafka. Se permite alguna boutade ("la naturaleza no existe", "los extrarradios, una especie de contemporáneos paraísos perdidos") y cierra, con un sintagma espectacular ("el síndrome Blue Velvet") un texto magnífico. Celebratorio, místico y rico.

En el segundo, que no es otro que una filtración de un poema del último libro de Manuel Vilas ("Calor", qué ganas le tengo, dios mío), llamado El comulgatorio, tenemos muchos de los elementos que han hecho de los últimos tres poemarios de Vilas una experiencia imprescindible. No hay, sin embargo, personaje, solo una exposición tal cual de la periferia de Zaragoza. Sí hay, en un sentido completamente diferente, mística, la de Vilas, que dignifica y embellece todo lo que toca. Hay mileuristas, jóvenes y desesperados. Hay dinero, en el sentido de García Casado: cómo se distribuye, qué significa, qué compra, quién lo tiene. Y ese dinero es la fuerza que modifica el extrarradio. El poema no es de los mejores de Vilas (recuerden Audi 100, El enamorado o McDonald's), pero creo que es mejor que el texto de Mallo. La pregunta es: ¿se puede obviar de esa forma el peso del dinero al hablar de nada menos que de geografías periurbanas? ¿No da la sensación de que falta algo? ¿Cuál es el valor estético de esa voluntaria renuncia? ¿De dónde viene, a santo de qué, para qué callarse la boca cuando toca hablar de dinero?

GALLETA DE LA SUERTE

Estoy muy contento. Alguien, un tal Sonolópez, ha hecho un vídeo de dibujos animados basado en mi poema Galleta de la suerte, incluido en la antología Poesía para bacterias:



¡Gracias, míster!

martes, 13 de mayo de 2008

GUSTAVO PETERSON

... me quedé ayer pensando a quién se parece, a quién se parece Gustavo de Arístegui (salió en la portada del Público). Hay que ver lo a gusto que se queda uno cuando resuelve estas cosas. ¡Búscate la vida, Gustavo!