martes, 4 de diciembre de 2007

NO PARKING



Impagables los nuevos graffitis de Banksy en el muro de Belén, en Cisjordania.

jueves, 29 de noviembre de 2007

MUY SENCILLO

Disfruten el texto de Cristina Morano sobre Música para ascensores con el que me quedé con la boca abierta el otro día en Cartagena.

martes, 27 de noviembre de 2007

APADRINA A UN POETA


Música para ascensores ya está a la venta en la librería Diego Marín. Y también online, cómo no.

viernes, 23 de noviembre de 2007

WRESTLING A MUERTE EN CARTAGENA


Calentando motores para la velada del martes. El cartel es una impagable contribución de Cristina. El de arriba soy yo.

jueves, 15 de noviembre de 2007

MÚSICA PARA ASCENSORES

Música para ascensores es el título del libro con el que les llevo dando la brasa desde el principio de los tiempos blogueros. Motivó mi anterior blog, Poesía y macarrones, y motivó éste. De un modo u otro, Trabajando con el vacío no es sino un diario del proceso de creación de mis poemas, entendido éste en un sentido amplio.

Música para ascensores recoge poemas escritos entre 2001 y 2007. Los más antiguos se quedaron fuera de mi anterior libro, Quemando a los idiotas en las plazas, porque no encajaban con su tono estepario. Otros aparecieron en una selección que presenté a un concurso llamado Murcia Joven y que ganó un accésit, semipublicándose luego en una edición no comercial. Alguno más fue escrito entre Mánchester y Zagreb, pero el meollo del libro empecé a escribirlo en febrero de 2005, aprovechando las condiciones de tranquilidad y de silencio que tengo la suerte de disfrutar (no todo el tiempo, pero sí varias horas al día) en el trabajo que hago ahora.

El libro tiene siete capítulos. El primero y el último funcionan como prólogo y epílogo, y los demás recogen ciclos temáticos: el viaje, el amor, la poesía, ficciones varias y el problema de la contemplación.

Tal vez ésta sea a posteriori, pero la idea que organiza el poemario es la posibilidad del retorno a algún tipo de significados desde un contexto de ironía total. Parece el nombre de una tesis, ¿no? Me explico: la música para ascensores (en realidad una etiqueta despectiva que se colocaba al nuevo estilo lounge de Burt Bacharach) es tal vez un último paso hasta la disolución en el ruido de fondo y la neutralización semántica, pero también y simultáneamente implica un pasadizo en sentido contrario, de forma parecida a lo que decía Borges sobre los insultos: que constituyeron la primera forma histórica de diplomacia.

En ese territorio fronterizo y autoconsciente en el que ya se situó Brian Eno con su Music For Airports (donde la vaciedad del lounge deviene ambient, término que más tarde también ha acabado vaciándose de sentido) he tratado de colocarme a la hora de buscar los poemas que componen este libro. Por otra parte, ésa es la actitud que siempre he procurado tener a la hora de escribir poesía, desde que empecé con ella hace ya tantos años. La diferencia con mis libros anteriores yo creo que está en que ahora el vacío es más bien un punto de partida y al menos en algún poema hay un camino que arranca de él y lleva a alguna otra parte.

Estos últimos años en que he escrito la mayor parte del libro han sido una época muy feliz y llena de parabienes, el mayor de los cuales es evidentemente mi hijo Miguel. El poema central está basado en una experiencia (demasiado) real y define a Miguelito como el opuesto exacto del vacío, un poco a la manera en que Tennessee Williams dijo que el opuesto exacto de la muerte es el deseo.

También es de señalar que mientras Charo estaba embarazada se nos ocurrió la idea de ir juntando un álbum de esos meses, con ecografías, fotos nuestras, entradas del cine y de conciertos, poemas y recortes de prensa. Lo terrible de esos recortes de prensa (recordemos Haditha, el Katrina, la ruptura de la tregua de ETA, la guerra del Líbano, etc.), que eran al mismo tiempo una especie de herencia para mi hijo, me llevó a comprometerme con mi partido de siempre, que es IU, y con el Foro Ciudadano de la Región de Murcia. Está claro que hay ideas que matan, véase el fascismo o el salafismo, y eso demuestra que tiene que haber ideas que nos salven a todos. Buscarlas, difundirlas y defenderlas también es un paso en dirección opuesta al vacío y también ha cabido en mi libro.

La portada representa un condensador de fluzo y ha sido creada por mi buen amigo el escritor José Óscar López. El concurso que convoqué por aquí para adivinar qué cosa era tiene un ganador, el señor Conde Niño, y recibirá su premio en breve.

No creo que sea un libro perfecto ni estoy orgulloso de todos los poemas que lo componen (yo siempre le quitaría la mitad a todo lo que publico), pero espero que en general la experiencia sea agradable, y que algún lector considere a alguno un buen poema.

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ACTUALIZACIÓN 16/XI. No quería olvidarme de decir: que el libro en conjunto está dedicado a mi madre, Antonia Espejo, que murió en enero de 2001; que tres de los poemas están dedicados, uno a mi amigo Javier Moreno, que ganó un viejo concurso que convoqué en mi anterior blog (y porque supe a través de él de la leyenda que recoge el poema), otro a mi amigo Ángel Gómez Espada, porque sin él no lo habría escrito (aunque el protagonista no sea él, quede claro), y otro a Josele Santiago; y para acabar, que a lo largo de 2005 y 2006 he leído sobre todo a Eduardo Milán, Adam Zagajewski y Kenneth Rexroth, y que debo al segundo la pulsión de fuga de la ironía que creo que informa el libro.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

PUTTY FACE

Por si quieren reírse un rato ustedes también ahí va ese enlace.

UN JAIKU ACCIDENTAL

Los spaguettis se enfrían
mientras vigilo la ventana por
donde se cuelan los tigres.

Pertenece a un poema de Pepa Cantarero que he encontrado en su entrada de Las afinidades electivas. Todo un soplo, créanme.

viernes, 9 de noviembre de 2007

NOTAS PARA UNA POÉTICA INCOMPLETA

Por supuesto, lo de "poética incompleta" es un pleonasmo, y también lo de las notas. Al mismo tiempo, desde un punto de vista, digamos, borgiano, la explicación íntegra de eso que llamamos poesía está en cualquier poema, o cualquier foto de Ouka Leele, digamos, o cualquier cuadro de Friedrich. El problema estaría en la traducción de ese objeto al idioma de las poéticas.

Queda claro entonces que el único recurso que nos queda en este campo consiste en dar palos de ciego. Que algunas veces suenan a contacto con hueso. Lo que quiero recoger en estas notas son dos parábolas que, al menos en mi opinión, dan en un hipotético hueso de un hipotético esqueleto que no nos es dado articular.

La primera parábola es prehistórica: un cazador-recolector se adelanta un poco de un grupo que marcha monte arriba, y llega el primero a la cima. Obtiene la visión de un valle fértil aún no hollado, rico en vegetación y en animales herbívoros. Vuelve al grupo y trata de comunicar esta experiencia, y lo que expresa no es un mensaje instrumental del tipo nuestras previsiones se han cumplido estimados colegas. Lo que expresa es la maravilla, una compleja instancia estética mezcla de asombro y felicidad. Es el origen del lenguaje y el mito admite variantes, como situarlo en el terror de una tormenta eléctrica o un incendio, o en el nacimiento de hijos, o en la muerte de alguien.

La segunda parábola es rigurosamente real: en el oscuro Sarajevo de 1994, un flaco estudiante de informática carga su pc en un carrito y sale vestido de negro a la noche de invierno. En el disco duro lleva mensajes que sus conciudadanos han escrito para sus familiares y amigos del otro lado del cerco. Se dirige al Holiday Inn, en plena Sniper Alley, para pedir a los periodistas unos minutos de conexión telefónica que le permitan enviar y recibir mensajes (en tiempos pre-Windows95, recordemos) a y desde diversas asociaciones de refugiados en el extranjero. Los francotiradores lo avistan en varias ocasiones y juegan con él: le agujerean el ordenador. Vuelve a su casa, lo arregla como puede y vuelve a salir. ¿Qué mueve sus pies de geek por entre las barricadas? ¿Qué energía convierte a un antihéroe corriente en este mensajero suicida vestido de negro?

domingo, 4 de noviembre de 2007

TRES DOS UNO


La presentación oficial de Música para ascensores tendrá lugar el día 27 de noviembre, a las ocho de la tarde, en el Palacio Consistorial de Cartagena. Estará a los mandos mi bienamada Cristina Morano, de quien tanto he aprendido.

Como la Editoria Regional no funciona con fechas de lanzamiento sigo sin saber cuándo llegará el libro a las tiendas. Debería hacerlo en torno a esta fecha, y en cualquier caso avisaré desde aquí.

Me gustaría cómo no verlos a todos ustedes, amigos y lectores de este blog, por allí, pero diablos, es martes, no se justifiquen si no pueden. Colgaré aquí el texto de Cris en cuanto me sea posible.

miércoles, 31 de octubre de 2007

CIUDADANO KAPOR

(Čedo, con su mujer, detrás de La Pasionaria)

He estado leyendo el texto de la tan traída y llevada Ley de Memoria Histórica. He encontrado lo que ya sabía que iba a encontrar: que no hay anulación (sino declaración de ilegitimidad) de los juicios de la represión franquista, que la Fundación Valle de los Caídos honrará a partir de ahora a las víctimas de la guerra civil, que habrá un censo de obras realizadas con trabajos forzosos, etcétera.

No sabía que se le fuera a conceder la nacionalidad española a los brigadistas internacionales. Encontrarme con ese artículo (el 18) me ha lanzado como a través de un túnel al verano de 2002, en la casa de Čedo Kapor, en Sarajevo. Čedo, que guardaba en una caja de zapatos su extensa correspondencia con la Pasionaria (partes de la cual traté de traducirle esa tarde, aunque evidentemente no era la primera vez que alguien lo hacía para él), que combatió en Tortosa mientras caían chuzos de punta y aún así grabó en su memoria TODAS las canciones del frente que podía haber, que fue retenido en un campo de refugiados francés nada más salir de España, para acabar de partisano en Serbia contra los nazis, que era amigo personal de Tito y rechazó puestos importantes en el apparatchik yugoslavo para dedicarse a escribir más de treinta obras (entre ellas una enciclopedia de ocho tomos) sobre la guerra civil española, que apenas entendía nada de lo que había pasado en su propio país entre 1992 y 1995 en parte porque en su cabeza seguía de alguna manera junto al Ebro de sus veinte años, que fue capaz de sacar a los pocos amigos brigadistas que aún quedaban vivos de Sarajevo ¡en 1994! para acudir a un acto de homenaje en Madrid, que quería sobre todo (con la ingenuidad que a veces da la vejez) que su país siguiera recordando esas historias, más allá de su propia guerra civil, para siempre. Que murió en 2004, casi con toda seguridad enfrascado en su batalla de hacía más de sesenta años, y bueno, compañero, que a partir de hoy has vuelto un poco más.