MUY SENCILLO
Disfruten el texto de Cristina Morano sobre Música para ascensores con el que me quedé con la boca abierta el otro día en Cartagena.
Disfruten el texto de Cristina Morano sobre Música para ascensores con el que me quedé con la boca abierta el otro día en Cartagena.
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Música para ascensores ya está a la venta en la librería Diego Marín. Y también online, cómo no.
A las 14:27 3 comentarios

Calentando motores para la velada del martes. El cartel es una impagable contribución de Cristina. El de arriba soy yo.
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Música para ascensores es el título del libro con el que les llevo dando la brasa desde el principio de los tiempos blogueros. Motivó mi anterior blog, Poesía y macarrones, y motivó éste. De un modo u otro, Trabajando con el vacío no es sino un diario del proceso de creación de mis poemas, entendido éste en un sentido amplio.
Música para ascensores recoge poemas escritos entre 2001 y 2007. Los más antiguos se quedaron fuera de mi anterior libro, Quemando a los idiotas en las plazas, porque no encajaban con su tono estepario. Otros aparecieron en una selección que presenté a un concurso llamado Murcia Joven y que ganó un accésit, semipublicándose luego en una edición no comercial. Alguno más fue escrito entre Mánchester y Zagreb, pero el meollo del libro empecé a escribirlo en febrero de 2005, aprovechando las condiciones de tranquilidad y de silencio que tengo la suerte de disfrutar (no todo el tiempo, pero sí varias horas al día) en el trabajo que hago ahora.
El libro tiene siete capítulos. El primero y el último funcionan como prólogo y epílogo, y los demás recogen ciclos temáticos: el viaje, el amor, la poesía, ficciones varias y el problema de la contemplación.
Tal vez ésta sea a posteriori, pero la idea que organiza el poemario es la posibilidad del retorno a algún tipo de significados desde un contexto de ironía total. Parece el nombre de una tesis, ¿no? Me explico: la música para ascensores (en realidad una etiqueta despectiva que se colocaba al nuevo estilo lounge de Burt Bacharach) es tal vez un último paso hasta la disolución en el ruido de fondo y la neutralización semántica, pero también y simultáneamente implica un pasadizo en sentido contrario, de forma parecida a lo que decía Borges sobre los insultos: que constituyeron la primera forma histórica de diplomacia.
En ese territorio fronterizo y autoconsciente en el que ya se situó Brian Eno con su Music For Airports (donde la vaciedad del lounge deviene ambient, término que más tarde también ha acabado vaciándose de sentido) he tratado de colocarme a la hora de buscar los poemas que componen este libro. Por otra parte, ésa es la actitud que siempre he procurado tener a la hora de escribir poesía, desde que empecé con ella hace ya tantos años. La diferencia con mis libros anteriores yo creo que está en que ahora el vacío es más bien un punto de partida y al menos en algún poema hay un camino que arranca de él y lleva a alguna otra parte.
Estos últimos años en que he escrito la mayor parte del libro han sido una época muy feliz y llena de parabienes, el mayor de los cuales es evidentemente mi hijo Miguel. El poema central está basado en una experiencia (demasiado) real y define a Miguelito como el opuesto exacto del vacío, un poco a la manera en que Tennessee Williams dijo que el opuesto exacto de la muerte es el deseo.
También es de señalar que mientras Charo estaba embarazada se nos ocurrió la idea de ir juntando un álbum de esos meses, con ecografías, fotos nuestras, entradas del cine y de conciertos, poemas y recortes de prensa. Lo terrible de esos recortes de prensa (recordemos Haditha, el Katrina, la ruptura de la tregua de ETA, la guerra del Líbano, etc.), que eran al mismo tiempo una especie de herencia para mi hijo, me llevó a comprometerme con mi partido de siempre, que es IU, y con el Foro Ciudadano de la Región de Murcia. Está claro que hay ideas que matan, véase el fascismo o el salafismo, y eso demuestra que tiene que haber ideas que nos salven a todos. Buscarlas, difundirlas y defenderlas también es un paso en dirección opuesta al vacío y también ha cabido en mi libro.
La portada representa un condensador de fluzo y ha sido creada por mi buen amigo el escritor José Óscar López. El concurso que convoqué por aquí para adivinar qué cosa era tiene un ganador, el señor Conde Niño, y recibirá su premio en breve.
No creo que sea un libro perfecto ni estoy orgulloso de todos los poemas que lo componen (yo siempre le quitaría la mitad a todo lo que publico), pero espero que en general la experiencia sea agradable, y que algún lector considere a alguno un buen poema.
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ACTUALIZACIÓN 16/XI. No quería olvidarme de decir: que el libro en conjunto está dedicado a mi madre, Antonia Espejo, que murió en enero de 2001; que tres de los poemas están dedicados, uno a mi amigo Javier Moreno, que ganó un viejo concurso que convoqué en mi anterior blog (y porque supe a través de él de la leyenda que recoge el poema), otro a mi amigo Ángel Gómez Espada, porque sin él no lo habría escrito (aunque el protagonista no sea él, quede claro), y otro a Josele Santiago; y para acabar, que a lo largo de 2005 y 2006 he leído sobre todo a Eduardo Milán, Adam Zagajewski y Kenneth Rexroth, y que debo al segundo la pulsión de fuga de la ironía que creo que informa el libro.
A las 14:39 1 comentarios
Por si quieren reírse un rato ustedes también ahí va ese enlace.
A las 16:52 0 comentarios
Los spaguettis se enfrían
mientras vigilo la ventana por
donde se cuelan los tigres.
A las 16:15 2 comentarios
Por supuesto, lo de "poética incompleta" es un pleonasmo, y también lo de las notas. Al mismo tiempo, desde un punto de vista, digamos, borgiano, la explicación íntegra de eso que llamamos poesía está en cualquier poema, o cualquier foto de Ouka Leele, digamos, o cualquier cuadro de Friedrich. El problema estaría en la traducción de ese objeto al idioma de las poéticas.
Queda claro entonces que el único recurso que nos queda en este campo consiste en dar palos de ciego. Que algunas veces suenan a contacto con hueso. Lo que quiero recoger en estas notas son dos parábolas que, al menos en mi opinión, dan en un hipotético hueso de un hipotético esqueleto que no nos es dado articular.
La primera parábola es prehistórica: un cazador-recolector se adelanta un poco de un grupo que marcha monte arriba, y llega el primero a la cima. Obtiene la visión de un valle fértil aún no hollado, rico en vegetación y en animales herbívoros. Vuelve al grupo y trata de comunicar esta experiencia, y lo que expresa no es un mensaje instrumental del tipo nuestras previsiones se han cumplido estimados colegas. Lo que expresa es la maravilla, una compleja instancia estética mezcla de asombro y felicidad. Es el origen del lenguaje y el mito admite variantes, como situarlo en el terror de una tormenta eléctrica o un incendio, o en el nacimiento de hijos, o en la muerte de alguien.
La segunda parábola es rigurosamente real: en el oscuro Sarajevo de 1994, un flaco estudiante de informática carga su pc en un carrito y sale vestido de negro a la noche de invierno. En el disco duro lleva mensajes que sus conciudadanos han escrito para sus familiares y amigos del otro lado del cerco. Se dirige al Holiday Inn, en plena Sniper Alley, para pedir a los periodistas unos minutos de conexión telefónica que le permitan enviar y recibir mensajes (en tiempos pre-Windows95, recordemos) a y desde diversas asociaciones de refugiados en el extranjero. Los francotiradores lo avistan en varias ocasiones y juegan con él: le agujerean el ordenador. Vuelve a su casa, lo arregla como puede y vuelve a salir. ¿Qué mueve sus pies de geek por entre las barricadas? ¿Qué energía convierte a un antihéroe corriente en este mensajero suicida vestido de negro?
A las 10:54 0 comentarios

La presentación oficial de Música para ascensores tendrá lugar el día 27 de noviembre, a las ocho de la tarde, en el Palacio Consistorial de Cartagena. Estará a los mandos mi bienamada Cristina Morano, de quien tanto he aprendido.
Como la Editoria Regional no funciona con fechas de lanzamiento sigo sin saber cuándo llegará el libro a las tiendas. Debería hacerlo en torno a esta fecha, y en cualquier caso avisaré desde aquí.
Me gustaría cómo no verlos a todos ustedes, amigos y lectores de este blog, por allí, pero diablos, es martes, no se justifiquen si no pueden. Colgaré aquí el texto de Cris en cuanto me sea posible.
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Sobre estas líneas, el reloj de un servidor. Me lo compré el año pasado en una relojería de Sangonera la Verde y me costó cuatro euros. Casio lleva fabricándolos ininterrumpidamente desde 1989 y constituyen el modelo más económico de su ya económica gama, con lo que se pueden imaginar la cantidad de ellos que puede haber funcionando por el mundo.
El bicho es tan feo, tan ochentero, tan cuadrado y tan de plástico que a mí ha llegado un momento que me hace hasta gracia y estoy contento con él, a pesar de que atrasa aproximadamente un minuto por mes. No soy el único: créanlo o no, existe un foro oficial de este reloj en la web de Casio.
Pero la historia que les quería contar no tiene nada que ver con lo retro o lo chanante o lo aburrida que está la gente que monta un foro para hablar de este peluco, no. Es mucho más siniestro. Para muchas personas, secuestradas y encarceladas en Guantánamo, la posesión de este reloj es una prueba de cargo (ríanse si pueden) en el proceso (ríanse otra vez) abierto contra ellos.
No es una broma. Aunque muchas veces el fascismo lo parezca.
A las 15:20 0 comentarios