SE ADMITEN SUGERENCIAS
Estoy trabajando en un poema en el que alguien, un ser extraño del que no sabemos gran cosa, oye un despertador y se queda tan fascinado que decide no volver a usar otro lenguaje que no sea el de los despertadores. Inicia así el largo aprendizaje de ese idioma, y tal vez una especie de peregrinación, en la que termina por desaparecer. El narrador, que no sabe qué fue de él, decide imaginar que tiene éxito en su búsqueda, y que consigue dominar el lenguaje, y que llega un momento en que los despertadores nuevos son programados para repetir sus poemas, cuyo significado es accesible para nosotros sólo en los segundos que separan el sueño y la vela.











