viernes, 29 de junio de 2007

PUNXSUTAWNEY PHIL SE PASA A LOS CULEBRONES

Al fin y al cabo es viernes, así que vamos a dedicarnos a solazarnos en el inmarcesible friquismo que congrega la Red. Imposible reírse más en sólo cinco segundos de metraje:



Y luego está la versión Kill Bill, que también tiene su aquél:



Cojones, qué mirada, qué intensidad. A ver si aprende Eduardo Noriega.

DON'T TRY


Cuando uno no puede distinguir la huella que le han dejado en la memoria las novelas, por un lado, y la poesía, por otro, de un autor, debe de ser que se encuentra ante uno de los grandes. Es solo un síntoma, de acuerdo, pero de una enfermedad rarísima: la voz propia. Estoy pensando en la de Goethe, por ejemplo, o en la de Roberto Bolaño. O en la que toca hoy, señoras y señores: la de Charles Bukowski.

Soy de los que piensan que el viejo Hank tuvo entre las manos una de las últimas grandes revoluciones estéticas del siglo XX, paralela a la de Nicanor Parra en nuestro ámbito, y que después de su paso de elefante por la cristalería de la poesía anglosajona, quedaron pocos territorios por descubrir en ella. Pero su mayor mérito está, me parece, en la perfecta (no la primera) plasmación literaria del mundo de los cantos rodados (en definición de Dylan) norteamericanos: la miseria y el desarraigo extremos de la posguerra, hablando de sí mismos con los suficientes odio, autocomplacencia, ironía y esperanza como para resultar creíbles. Hasta tal punto asociamos con Bukowski a esta gente que muchas veces llamamos bukowskianos a sus modestos santuarios: cuartos de pensiones baratas, taquillas de la Greyhound, vagones de mercancías con gente escondida dentro. Aunque el propio Bukowski viviera toda su vida en Los Ángeles.

Este grupo social, tan típicamente U.S.A., ha motivado al menos tres grandes películas con mucho en común: París, Texas, de Wim Wenders, Mi Idaho privado, de Gus van Sant, y Brokeback Mountain, de Ang Lee. Los apellidos de los directores son claramente exógenos (dos de ellos no son norteamericanos), y los títulos están construidos con topónimos: en las tres cintas, esos lugares son el lógico objeto de deseo, la patria emocional de sus protagonistas, el anhelo de una vida mejor que la rodante. Para apreciar en lo que vale la genialidad retrospectiva de Bukowski, nótese cómo sus personajes han superado la tentación de ese fanal terreno y se encaminan directamente hacia el vacío. Por volver un poco a Bolaño, de quien hablábamos al principio de esta entrada.

STUPEFACTION COMES TO MIND

Madre mía de mi vida, cómo amo a Robert Fisk.

martes, 26 de junio de 2007

ANTOLOGÍAS


Hace unos días que tengo buenísimas noticias y no sé por qué no lo he cacareado por aquí aún, pero el caso es que voy a participar en un par de antologías apetitosas: Hank Over, el homenaje a Bukowski que está editando Patxi Irurzun, y otra, de poesía underground, de momento sin título, que está preparando Sergi Puertas para la editorial zaragozana Barrabés. Sigo sin saber qué cojones pinto yo al lado de gente como Manuel Vilas, Agustín Fernández Mallo, David González, Javier Corcobado o Antonio Luque, y me imagino que las comparaciones serán más bien odiosas, pero me hace una ilusión infinita. Gracias, Patxi y Sergi, por apostar por mí.

lunes, 25 de junio de 2007

BODAS Y BODAS

El sábado se casaron estas dos personas adorables:


Ella es mi querida prima Mari y él, nuestro hombre de Mali, el señor Kola.

Ahora viene cuando ella tiene que aprender a hacer esto:



Oh, mi querida prima Mari.

P.S.: Anduve por la provincia de Barcelona un fin de semana entero y ningún malvado independentista se puso a hablarme en catalán con la intención de humillarme y animarme a salir de su país cuanto antes. Tampoco vi elefantitos rosa volando en dirección a mí. Debe de ser que no me comí ningún ácido, pues.

viernes, 22 de junio de 2007

J & J REVISITED

Tengo una pareja de amigos con los nombres más chulos del ancho mundo: Jose y Jose. Viven en Madrid, en un piso minúsculo del barrio de Arganzuela, y se ocupan en cientos de actividades: hacer fotos a todo lo vivo, por ejemplo (él explorando la relación entre fotografía y poesía, ella según un método mucho más zen), visitar ciudades inverosímiles, doblar papel, coleccionar mapas, escribir poemas, pintar y escuchar mucho rock nacional y mucho trance, cosa que seguro que tiene un sentido aunque así a bote pronto sea difícil captarlo. Son personajes de una post nouvelle vague que aún no ha llegado a las multisalas, y su amor por los lugares que pisan lo tiñe todo, de modo que deja de ser posible separarlos del recuerdo de lugares como la ciudad de Madrid, el valle del Jerte o la Alemania del Este. Apenas los llamo, porque ya saben todos ustedes que una alergia horrorosa me aleja de los teléfonos móviles o fijos, pero igual me acuerdo continuamente de ellos, como espero que demuestre esta entrada.

viernes, 15 de junio de 2007

BOICOTEANDO EN CONSECUENCIA

Como dicen, entre otros, los chicos de Hazte Pipí, cuando financiamos a la santa madre iglesia (de forma voluntaria, vía la famosa cruz de la renta, o de forma obligatoria, vía la financiación ilegal que les proporciona el estado), lo que estamos pagando no son los gastos de una organización más, sino servicios sociales: ayuda a los pobres, educación a los incultos, confort a los enfermos. Pero no como una ong: mejor. Porque la iglesia es desinteresada. Porque los valores cristianos etcétera etcétera.

Repito: les estamos pagando el chiringuito queramos o no queramos. Pero hay que callarse porque el dinero lo invierten en servicios sociales y en promover la paz y la hermandad en el mundo.

Para ello, los obispos recurren a veces a medidas drásticas, como llamar a sus afiliados a boicotear tal o cual entidad maligna. Tal vez la moral no detenga a los malvados, piensan, pero la pérdida de ingresos e imagen sí lo hará. Y somos tantos millones que, si nos ponemos de acuerdo, aquí tiembla hasta Bill Gates.

El mecanismo podría servir para, por ejemplo, llamar a los cristianos a boicotear a países que promuevan guerras, tipo alianza de las Azores, o a los que apliquen la pena de muerte, como China o Arabia Saudí, o a los que establezcan políticas de limpieza étnica, como Israel contra los palestinos, o Turquía contra los kurdos, o Marruecos contra los saharauis.

Si queremos llamar a acciones más concretas, por ejemplo contra empresas, podríamos proponer a los cristianos que castiguen a Zara, H&M, Adidas o Nike por sus abominables prácticas empresariales en el sudeste asiático. No creo que aquello de ganarás el pan con el sudor de tu frente se refiriera a cobrar 35€ al mes por trabajar 12 horas al día 6 días a la semana, ¿no? Pues nada, actuemos.

Sin embargo, ya saben todos ustedes que la iglesia no promueve esos boicots. La organización que lo hace con más firmeza y credibilidad se llama Amnistía Internacional. Llevan en activo desde 1961. Yo me afilié en 2001 y en todo momento me han hecho sentirme orgulloso de formar parte de esto. Sobre todo porque lo que hacemos sirve para algo.

Consciente de sus prioridades, la santa madre iglesia apostólica y romana (o como leches se diga) contra quien dirige sus boicots es precisamente contra Amnistía Internacional. ¿Por qué? Porque apoyamos que las mujeres violadas en conflictos bélicos tengan derecho a abortar. Así de triste es el paisaje mental de estas momias. Ya dije en una ocasión la admiración que siento por ciertos miembros de base de la iglesia, por el valor que extraen de sus creencias y el compromiso que los une con la gente para la que trabajan. Pero lo de Ratzinger de ayer es absolutamente inexcusable. Si tanto le importa la vida humana tal vez debería abrir un periódico y contar las que se pierden en Irak todos los días antes de llamar a los socios a boicotearnos a nosotros. Y además tener el rostro de añadir que nos van a retirar sus subvenciones, como si alguna vez hubiéramos recibido un duro suyo. Estoy muy enfadado y desilusionado con esta gente. Cómo se comen las grandes palabras con que se llenan la boca cuando ve uno lo que hacen y lo que piensan. En fin, qué cabreo, joder.

En episodios anteriores de "Hipócrita y teócrata":

Manifestémonos todos contra el derecho al matrimonio de los homosexuales.

Promovamos la desobediencia civil contra los homosexuales.

Dinamitemos la asignatura de Educación para la ciudadanía.

Apoyemos a Falange, que ésos sí que eran católicos.

Continuará.

jueves, 14 de junio de 2007

NOCTAMBULISMO PATERNOFILIAL


Ahí donde lo ven con esa cara de no haber roto un plato en su vida, a mi hijo Miguel le encanta bailar y cantar hasta altas horas de la madrugada, aprovechando que la mama tiene turno nocturno en el hospital. El martes sin ir más lejos nos quedamos los dos hasta las cuatro treinta a eme. Si es que no sabemos decir que no a una buena juerga. Y las que nos quedan.

miércoles, 13 de junio de 2007

ANTENAS

La idea suele aparecer aquí y allá, mirando la barra lateral de una página como Las afinidades electivas o leyendo revistas de poesía como la de la Universidad de Alicante, Ex Libris. Hay demasiados poetas. No hay quien se oriente entre los cientos de nombres de licenciados en Filología Hispánica con un par de premios y publicaciones. Para estar medianamente al día hay que tragar toneladas de gofio sin sal en forma de poemas sustituibles, de versos escritos como si cada uno fuera el último de la especie humana. Sin embargo, el sitio en el corazón para poemas atómicos, de ésos que nunca parecen agotar su sentido y su luz, es muy limitado. La respuesta es sencilla.

No hay demasiados poetas. Lo que hay a patadas es aprendices de poeta, como un servidor. No es nada seguro que lleguemos a graduarnos, pero aquí estamos, cada uno como puede, al servicio de nuestra vocación. Tal vez esa vocación sea innecesaria. Tal vez no obtengamos ni un solo poema digno de tal nombre en nuestra vida y todo esto no consista sino en una terrible pérdida de tiempo, pero serán otros quienes decidan. Perseveraremos, pero haremos bien en saber que no seremos poetas mientras no seamos capaces de algo como esto:

EN UN PISO PEQUEÑO

Le pregunto a mi padre: ¿qué haces todo el día? Recordar.


Así pues, en este pequeño piso polvoriento en Gliwice,
en un bloque bajo, construido según el modelo soviético,
conforme a la norma de que la ciudad debe evocar un cuartel,
y las habitaciones, ser estrechas, para frustrar reuniones \clandestinas,
allí, donde marcha sin descanso un antiguo reloj de pared,

revive casi a diario el claro septiembre del 39, el silbido de las \bombas,
y también el Jardín de los Jesuitas en Lvov, brillando como \antes
con la luz verde de los arces, de los fresnos y los pajarillos,
las canoas en el Dniéster, el olor de la mimbrera y de la arena \húmeda,
un día caluroso, cuando encontraste a una joven, estudiante de \derecho,

y el viaje en un vagón de mercancías, al oeste, hasta la última \frontera,
y un ramo de doscientas rosas que los estudiantes te ofrecieron
en agradecimiento por haberlos defendido en la primavera del \68,
y acaso también episodios de los que nunca sabré nada,
el beso de una mujer que no llegó a ser mi madre,
el temor y la dulce grosella de tu infancia, imágenes sacadas
de este abismo acogedor, cuando yo aún no estaba.
Tu memoria trabaja en este piso callado: trabajas,
metódico, en silencio, para resucitar por un instante
el doloroso siglo veinte.


Me niego a rebajar la palabra poeta hasta un nivel que me contenga a mí, si con eso pierdo la categoría en que incluir con justicia a gente como Zagajewski. Es una etiqueta, ya digo, aplicable a un grupo muy reducido de creadores. Para los demás, el camino es largo. Pero tiene destino.

El poema está en Antenas, el último libro que ha salido suyo en El acantilado. No hará ni falta decir que lo recomiendo.